martes, 4 de noviembre de 2008

Edad Moderna

La familia y su tratamiento jurídico también experimentan cambios. La modernidad representa el paso de la familia extensa, patriarcal, a la familia nuclear, no necesariamente estable. El divorcio no se convierte en una práctica extendida, y tampoco es original de la Edad Moderna, pero la sonora separación de Enrique VIII y Catalina de Aragón dividiría Europa tanto como la Reforma. Se ha argumentado incluso que los diferentes regímenes del matrimonio y de la herencia, tanto como las distintas religiones conformarán distintas estrategias económicas y mentalidades sociales de cara a la formación de la sociedad capitalista.
La Malinche y Hernán Cortés, en el Lienzo de Tlaxcala, Diego Muñoz Camargo, 1585. La sumisión de la mujer coincide aquí con la sumisión de un continente entero, pero también demuestra cómo puede jugarse un papel activo, incluso determinante. En otros casos, las mujeres podían llegar a ocupar el poder, como reinas o regentes, circunstancia poco común fuera de Europa.

Catalina de Erauso, la monja alférez, representa una trayectoria vital radicalmente distinta, pero no tan opuesta como podría parecer. Lo excepcional de su caso nos recuerda que la salida de los roles esperables: madre, monja o prostituta, no era asumible socialmente.
Todas las grandes civilizaciones de la Edad Moderna siguen el modelo patriarcal que restringe a la mujer a un papel subordinado y la invisibiliza ante la historia; pero la mujer no está ausente, ni de la sociedad ni de los documentos. Los llamados estudios de género o, más propiamente, la Historia de la mujer tienen para el periodo de la Edad Moderna mucha tarea por realizar. El papel de la mujer en la civilización occidental fue seguramente más visible, y su visibilidad histórica mayor, cuando el azar y las leyes dinásticas le permitían el papel de reina o regente. Aunque la Edad Media había dispuesto de mujeres en esa función (Teodora de Bizancio, Leonor de Aquitania, Urraca de León y Castilla), la historiografía solía tratarlas con una extraordinaria misoginia. En cambio, algunas reinas de la Edad Moderna han sido tratadas con gran admiración (Isabel I de Castilla la católica, que ha sido incluso propuesta para beatificación, o Isabel I de Inglaterra la reina virgen), aunque bien es cierto que muchas otras han sufrido su inclusión en crueles estereotipos (Juana la loca, María la sangrienta de Inglaterra, Cristina de Suecia, Catalina II de Rusia la grande) algunos de ellos vinculados a una libertad de costumbres en lo sexual que en los reyes varones se daba por supuesta. El estereotipo de la mujer pacificadora (tan viejo como la humanidad, como puede verse en el mito del rapto de las sabinas) también se vio escenificado en su papel como prenda de paz entre dinastías que las conduce al matrimonio (Isabel de Valois a Felipe II de España, Ana de Habsburgo a Luis XIII de Francia...) o en la llamada Paz de las Damas. Lo excepcional son las mujeres a las que se concede un papel intelectual, a veces vinculado con su posición excéntrica, bien las monjas (en camino de ser santa, como Teresa de Jesús o poeta, como Sor Juana Inés de la Cruz), bien las cortesanas venecianas (como Verónica Franco). Un caso paralelo son las geishas japonesas, que a lo largo de la edad moderna fueron suplantando a los varones que antes realizaban las funciones no evidentemente sexuales que las caracterizan. En algún caso, la posición de subordinación de una mujer quedaba superada por las circunstancias para adquirir un insospechado protagonismo individual, como ocurrió con La Malinche, la esclava-traductora-concubina azteca de Hernán Cortés.
Sin perjuicio de esa tendencia general, la Edad Moderna registra algunas civilizaciones y situaciones en las que las mujeres ocuparon un papel protagónico, como el de la Confederación Iroquesa, en donde existía una división del poder político entre hombres y mujeres, de resultas del cual las cinco naciones que integraban la alianza estaban gobernadas por las mujeres que eran cabeza de cada clan. Algunos antropólogos analizan el caso como uno de los muchos y diferentes ejemplos de situaciones de lo que tradicionalmente se llamaba matriarcado y sostienen que sólo anacrónicamente pueden entenderse como un precoz feminismo Otros autores describen una realidad más compleja, ya que entre los iroqueses el poder político-militar estaba rigurosamente dividido entre hombres y mujeres, ocupando aquellos los cargos militares y estas los cargos políticos. Una situación favorable para el protagonismo femenino se produjo en las revoluciones liberales, como la revolución francesa (en la que algunas mujeres pretendieron superar el papel social que se las limitaba al poder informal de los salones de Madame Pompadour) o la Guerra de Independencia Hispanoamericana en la que algunas mujeres ocuparon puestos decisivos como la Coronel Juana Azurduy en el Alto Perú.
Modo de vida
En el ámbito de las creencias, el hecho más elocuente del inicio de la modernidad es la quiebra de la unidad cristiana en Europa central y occidental, precedido del agitado caldo de cultivo de las herejías y las contestaciones críticas a la Iglesia romana en la baja edad media y que culmina en la Reforma protestante y el inicio de un largo ciclo de las guerras de Religión desde principios del siglo XVI. Asimismo, la secularización del saber, la consolidación de la ciencia y el avance del librepensamiento, basados en el pilar de la razón, generarán actitudes críticas hacia las religiones reveladas.
Estos cambios en la atmósfera cultural y su manifestación en los avances tecnológicos revolucionarán los hábitos materiales de las sociedades europeas y su visión y relación con el entorno a escala planetaria. Los nuevos inventos, en la navegación y en el campo militar, por citar dos ejemplos, facilitarán los descubrimientos geográficos y la apertura de nuevas rutas de navegación hacia los mercados de Extremo Oriente y hacia el Nuevo Mundo. En un plano más amplio, el nuevo marco cultural perfilado en el renacimiento y el humanismo generarán un escenario en el desarrollo del saber donde el hombre ocuparía un lugar central, cuya proyección alcanzaría su más elocuente forma de expresión en el espíritu de la Ilustración en el siglo XVIII y la configuración de Europa como paradigma de la modernidad.

Edad Media

La función asumida por cada sexo puede variar según las culturas y los pueblos, pero nunca, en ninguna parte, es la misma para ambos.
Ciertas tareas, por lo demás, son siempre asumidas por el mismo sexo. En todas las culturas cazadoras-recolectoras conocidas, son siempre los hombres los encargados de la caza, mientras que las mujeres siempre se dedican a la cocina y a la nutrición. En todas estas sociedades, igualmente son los hombres quienes ocupan la posición social dominante. Su dominio principal lo constituye la vida social y política. Las responsabilidades encargadas a las mujeres son generalmente de carácter privado: están más relacionas con el universo familiar que con la comunidad entendida en su conjunto.
Esta repartición de los roles sociales entre los sexos ha preocupado a los investigadores durante mucho tiempo.
Nunca existió un desarrollo unilineal de la humanidad, ni las diferentes culturas no han pasado sistemáticamente de la <> al matriarcado y después del matriarcado al patriarcado.
Por otra parte, las tentativas hechas hasta el presente para otorgar a los individuos un rol sexual diferente a su sexo biológico (experiencias de John Money y Anke Ehrhardt) han estado coronadas por multitud de sucesos.
Ciertos teóricos "culturalistas" (B.T. Davies, Paul Rosenblatt, Michael Cunningahm) han intentado demostrar que los factores biológicos intervienen muy débilmente en la determinación de las elecciones profesionales de la mujer. Esta afirmación está en sí misma sujeta a precaución. En la historia se encuentran escasísimas mujeres filósofas o compositoras de música, y en la actualidad la inmensa mayoría de las mujeres se dirigen vocacionalmente hacia las tareas más o menos vinculadas a su carácter propio. La proporción de camioneros varones es inmensa con relación a las mujeres del mismo oficio, quizás porque en cualquier parvulario todo el mundo puede observar que solamente los niños juegan con autos en miniatura y que, cuando estos juguetes se ofrecen a las niñas, pronto los desdeñan y se aburren con ellos. En los Estados Unidos, el 80% de las mujeres empleadas en la medicina tienden a consagrarse a la pediatría y la ginecología, mientras que la cirugía es ejercida casi exclusivamente por varones.
Estos hechos encuentran una explicación lógica en la teoría según la cual las diferencias sexuales de comportamiento social prolongan ciertas predisposiciones innatas, resultantes de la selección natural de la evolución y de una adaptación que ha marcado a los sexos en sus roles específicos.
Edad Media
La situación así examinada no parece muy favorable a la mujer. Y así es, desde luego, en la Alta Edad Media: el marido puede matar a su esposa adúltera después de perseguirla a latigazos, desnuda, a través del pueblo. La multa impuesta al asesino de una mujer es la mitad del precio de la muerte de un chico hasta los 14 años (época de la fertilidad femenina), superior al del varón entre los 14 y 20 y, a partir de los 20 años, seis veces inferior. La mujer sierva o esclava no puede casarse fuera del dominio de su señor y, si lo hace, sus hijos serán repartidos entre su señor y el de su marido. La mujer no elige, por supuesto, marido, pero acepta el que ha escogido su padre o su «linaje» por brutal, viejo o, al contrario, joven y amante que sea. De todas formas, corre siempre el riesgo de ser violada por algún bandido o por un señor rebelde y enemigo, de ser raptada, o de ser repudiada y condenada al convento si no a la muerte, según el buen parecer y deseo del hombre en general y del suyo en particular.
Eternamente menor de edad, la mujer pasa del «poder» de su padre al de su marido y no puede actuar nunca sin el permiso o la «licencia» de este varón. y no Hablemos finalmente de las condiciones de vida y existencia de la mujer de un labrador, de un miserable artesano en las ciudades, o de las viudas que componen la gran mayoría de la población pobre socorrida en las ciudades del final de la Edad Media.
Se deduce así, lógicamente, que desde la Edad Medía hasta nuestros días, el transcurrir de los años, decenios y siglos ha significado una evolución positiva, continua, ascendente de la mujer, tanto en lo que toca a la visión que de elija tiene la sociedad como la que ella lleva sobre sí misma.
Con Tomás de Aquino (1225-1274) santo y doctor de la Iglesia, esta «hija de Eva» se convierte en «una deficiencia de la naturaleza» que es «por naturaleza propia, de menor valor y dignidad que el hombre»; tras una rigurosa y aplastante demostración, el teólogo afirma que «el hombre ha sido ordenado para la obra más noble, la de la inteligencia; mientras que la mujer fue ordenada con vista a la generación».
En sentido contrario a lo que suele creerse, en !a Edad Media existe, a nivel del saber y de la enseñanza, una relativa pero cierta igualdad. Empezando por las capas «bajas» de la sociedad, en su mayoría campesinas, se advierte una ausencia generalizada de instrucción, tanto para los hombres como para las mujeres; éstas participan así de las conversaciones y de la vida social en posición de igualdad con sus maridos o hermanos. En un tipo de sociedad en el cual reina el analfabetismo, la transmisión oral de la cultura se realiza tanto a través de la madre o del padre a los hijos, como entre vecinos o vecinas, etc.
En la economía rural la mujer nunca estuvo ausente, compartió con los varones las diversas tareas de la siembra, las mieses o la cosecha, el cuidado de los animales y el mantenimiento de la casa. La incorporación de la mujer al trabajo -dividido en «oficios» o «artes»- se realizó a menudo a través de la asociación familiar: la mujer ayuda a su marido en el oficio de éste, y luego le sustituye o le sucede. En el seno de esta misma asociación familiar, el padre enseña su arte a hijos e hijas.
No obstante, en términos generales -y eso no es para sorprendernos-, los salarios femeninos solían ser inferiores a los masculinos y las más desfavorecidas eran las obreras que trabajaban en su domicilio.

lunes, 27 de octubre de 2008

Los Roles a Través de los Tiempos

Bienvenidos a este blog en el que intentaremos resolver algunas de las interrogantes que han surgido a través de los tiempos sobre los roles sexuales y sociales de los seres humanos.


Durante la prehistoria era normal que las mujeres invocaran espíritus benéficos femeninos para que estos les ayudaran con sus cultivos y su vida en general. Pero hoy en día muchos están convencidos de que eran los padres de familia los que pedían ayuda a un espíritu masculino, para poder cuidar a su mujer y a sus hijos. Esto no es posible, ya que se sabe que en el principio de la historia humana los machos no se preocupaban de la alimentación de la familia, y era la madre la que debía preocuparse de esto.
De hecho, está demostrado que las madres eran las únicas encargadas de cuidar a los hijos, pues se cree que el varón no relacionaba el acto sexual con la procreación.
Muchas de las creencias actuales sobre esta época son erróneas, como la idea de que la caza era sólo para los hombres, y las mujeres se quedaban cuidando a los hijos; esto es totalmente erróneo, pues se ha comprobado que ambos sexos cazaban, e incluso que en algunas tribus sólo las mujeres realizaban esta tarea. Toda esta creencia surgió de aquellos historiadores que adaptaron la prehistoria a los parámetros actuales.